viernes, 20 de noviembre de 2009

La verdad y la verdad y la mentira y la verdad

Yo siempre he creído que digas lo que digas, aunque sea la mentira más estrafalaria que puedas imaginarte, siempre habrá gente que te crea y te siga.

No existe rigor económico, no existe respeto ideológico, no existe la educación ciudadana, y todos acabamos siendo manipulados por miles de verdades contrapuestas que extreman nuestros posibles pensamientos, y por ende, nuestra ideología final.

 



No hace falta nada externo para el sufrimiento de un conjunto de personas, y nos viene preconcebido de la propia naturaleza las diferencias congénitas que nos marcan toda (y nuestra única) vida.

Buscamos la justicia ficticia sobre la imposibilidad real de impartir juicios universales.

Buscamos un sentido existencial en una sociedad sin mayor sentido que la propia casuística estadística.

Lloramos por problemas absurdos y nos reímos del sufrimiento mientras medio mundo sufre bajo estas palabras vacías.

 



Vivimos por seguir el rumbo. Porque es nuestra única oportunidad de hacer algo aunque no lo hagamos.

Escribimos para comunicarnos, y nos comunicamos para llenar al mundo de nuestros propios pensamientos tangibilizados (o algo así), para seguir viviendo.

 



Dime algo que no sepa, joder, maldito ser unicelular. Que permites que todo pueda ser algo y que nada sea falaz.

Hay quienes dicen la verdad, quienes dicen su verdad, quienes mienten. Y otros dicen la verdad.

 



Pd: Hoy el trabajo está siendo muy aburrido.

jueves, 19 de noviembre de 2009

¿Cuándo saldremos de la crisis? ¿Cuándo acabará la crisis?

El otro día estaba tomando una copa con mi tío cuando me soltó la pregunta maestra que le ha caído a cada economista vivo sobre la faz de la tierra. Lo irónico de todo esto es que te la hacen con una sonrisa en la boca como diciendo para sus adentros, ¿A ver que narices me dice el supuesto “economista”?

Es muy difícil no intentar dar una respuesta clara y concisa para dejar en alto tu profesión pero no puedes dejar de pensar en que, ciertamente, es una estupidez tratar de imaginar el futuro. Los economistas no somos pitonisas, gracias a Dios.

El caso es que siempre que me lo preguntan debo realizar primero un sondeo sobre la verdadera cuestión que quieren plantear. ¿Qué crisis? ¿La del PIB o la del empleo?

Obviamente, tanto ustedes como yo sabemos que las dos van a la par y están correlacionadas, pero la tendencia y el progreso del PIB o del paro van a tener ciertas diferencias temporales que van a afectar a lo que llamemos crisis.

Si el crecimiento del PIB es positivo pero el paro sigue bajando, ¿Hay crisis?

El problema de España es que va a tardar mucho en reponerse, y al empleo le va a costar llegara las tasas previas a la crisis, sobretodo por la estructura productividad, la poca capacidad de generación de nuevos empleos estables y la escasa competencia exterior.

De momento ya están vendiendo la moto de la recuperación junto a la tasa de paro negativa, y eso es justo de lo que hablo, ¿Qué crisis queremos considerar? Por que seamos serios, a mi me la suda el PIB, es una medida macroeconómica que en un muchos casos incluso se ha pasado de moda “académica” para algunos economistas como medición de la importancia internacional y el bienestar.

Lo que me importa es el empleo. Lo que me importa es tener trabajo. Y todo va relacionado, pero unas cosas pueden ser más importantes que otras a nivel individual y político.

Así que, podemos decir que la crisis acabará en 2010 pero podemos no concordar con lo que quiere decir la gente (algo parecido a cuando Zapatero decía, y tenía razón, que no había crisis, utilizando el concepto técnico y no el social).

El paro empezará a descender cuando el crecimiento comience a ser sostenido, y el descenso del paro será sostenido cuando el crecimiento comience a ir por si sólo, y sin estímulos fiscales.

¿Cuándo será? Finales del 2010, principios 2012. Todo depende de las medidas económicas, del proceso de convergencia internacional de la recuperación europea y mundial, de la iniciativa empresarial (causada por el sentimiento económico, y aspectos sociales)…

PD: Creo que ya entienden el porqué del título del blog.

martes, 17 de noviembre de 2009

Los salarios en el limbo de políticamente correcto

Los salarios, al ser pactados y estipularse por convenio, quedan en el limbo de los propios mercados, fijándose mediante acuerdos dependientes de variables propias económicas,  afectando a variables propias económicas.

Porque la pregunta es clara: ¿Los sueldos deben incrementarse según la inflación, o según la productividad?

En el primer caso, estamos asegurando una constante en los salarios reales, es decir, el intento de no perder capacidad adquisitiva, lo cual se ha visto del todo mermado cuando los pisos, independientemente del nivel medio de inflación, han subido a tasas muy superiores a las del salario, endeudando de forma fija y a largo plazo a miles de familias. La inflación es una medida de los precios, pero es ciertamente compleja y en algunos casos ineficiente.

Por otro lado, aumentar los sueldos según la productividad propia del trabajo, asegura una cierta eficiencia en el mercado de la producción, un estímulo para el impulso de la producción y por tanto, de la competencia exterior.

Pero claro, la capacidad adquisitiva no está asegurada.

El problema de la productividad es que es un conjunto de todos los trabajadores. Es decir, que no hay posibilidad, a mi modo de pensar, de que cambiar el modus operandi incentive al trabajador (de igual forma que no se incentiva el voto, nadie tiene consciencia de la importancia individual en el agregado), y por ello lo único que aseguraría el aumento de la productividad sería el aumento del capital, la tecnología o las innovaciones.

Así que, en mi opinión, una vez que igualemos a Europa en esos aspectos, podremos plantearnos cambiar el paradigma, hasta entonces, si queremos mantener cierta coherencia, que los sueldos lleven su ritmo, a pesar de las ineficiencias que puedan causar.

Saludos.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Políticas comunes para problemas individuales

No seré yo quien critique las políticas comunes, pero si es cierto que introducen ciertos problemas en el marco de las resoluciones particulares que ciertos países pueden necesitar debido a sus propios problemas nacionales.

Las políticas intentan igualar, y crear un marco de estabilidad conjunta que ayude al crecimiento unísono de todos los países pero esto puede no darse o incluso ser perjudicial para la convergencia si las mismas políticas pueden afectar positiva o negativamente a según que paises.

Es decir, la diferencia no radica en crecer más o menos, si no en crecer o decrecer.

En este caso, una subida de los tipos de interés podría ser beneficioso en el marco de la inflación (que podría empezar una gran subida cuando la demanda total de los países en recuperación despegue) ya que estos tipos frenarían a aquellas empresas poco sólidas que intenten financiarse de golpe en cuanto les permitan hacerlo, incrementando la economía de manera abrupta.

Lo hablamos el otro día en uno de los comentarios. Los tipos bajos fomentan la creación de empresas propensas al riesgo, excepto cuando la crisis les frena las propias intenciones. Cuando la propia crisis comience a pasar, lo único que disminuirá la creación de empresas, carne de cañón para la caída de aquí a 2 años, serán esta moderada subida.

Pero esto afecta de lleno al país Español que vería mermado además la poca capacidad empresarial solvente que pueda querer despegar porque todavía no ha pasado lo que tiene que pasar, no estamos en la senda de la recuperación, y la iniciativa no va a aparecer de la nada.

De nuevo estamos ante la disyuntiva de unas políticas comunes, totalmente favorables en el marco general de crecimiento sostenido, pero que pueden acarrear problemas cuando las tornas no son tan agraciadas.

Saludos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El oro marca nuevo récord en los 1.117 dólares

Los metales preciosos siguen estando realmente en nuestra economía de forma notable. No es que realicen una actividad tan notoria como pueden ser las verdaderas monedas, pero si es cierto que cumplen cierto papel de estabilidad psicológica dentro de un mismo sistema.

 



Es esto mismo, la expectativa de la estabilidad, por la que la gente suele invertir mucho en oro en épocas de crisis. Es, por supuesto, y más sabiendo que la gente va a demandar mucho más esa inversión en oro, otro bien de inversión.

Y eso es como el conocimiento económico hace cambiar las tornas de algunos bienes que pueden cambiar, o no, de papel económico.

 



Si la gente piensa que el oro va a ser un bien que, dada la actualidad, va a subir como la espuma, la gente invertirá, y posiblemente suba (no como la espuma claro).

Esta estabilidad viene remarcada por ser un bien de lujo prácticamente aceptado pero sin una utilidad clara, fuera del uso para anillos diamantes, etc. Lo que hace que su demanda puede ser creciente, mientras su oferta permanezca cuasiconstante (no se puede producir, solo recoger).

 



Mientras el oro siga subiendo, los mercados financieros no estarán reflejando una visión optimista de la economía.

martes, 10 de noviembre de 2009

Bruselas fija en 2013 el limite para bajar el déficit público a menos del 3% del PIB.

Europa tiene ciertos pactos que intentan dotar de cierta estabilidad al conjunto de países. En este caso, se limita la deuda pública al 3% del PIB, aunque claro, en épocas de crisis este tipo de pactos se vuelven tan flexibles como el propio chicle. Hay que entender que los estados deben mantener cierta autoridad  propia de administración del gasto público, y por ello no se persigue de forma autoritaria e inmediata.

Sin embargo, esta independencia no puede durar para siempre y, aunque lo veo un poco pronto como para empezar a fijar limites que luego haya que variar, Bruselas ya ha fijado el año 2013 como el limite para volver a la senda del pacto, y conseguir de nuevo un déficit máximo del 3% del PIB.

Otro argumento a favor de la subida fiscal, pero que conlleva unos esfuerzos aun por determinar en el medio plazo (faltan 4 años, y hay tiempo de todo).

De todas formas, no se pueden sacar conclusiones partidistas de todo esto. En algunas noticias que he llegado a leer parecía que era como un castigo para las políticas de Zapatero, cuando es un limite que se les ha impuesto a todos los países, y compartimos el mismo (2013) junto con Alemania y Francia.

En todo caso, esto ayudará a intentar encauzar el rápido aumento del déficit, aunque yo, si fuera político, y aunque pueda ser algo irresponsable, no me preocuparía tanto ahora mismo de llegar al 3% como de la situación actual, y cómo resolverla.

Saludos.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Robert Aumann: Los rescates son una mala idea.

Al leer la noticia pensaba que el Nobel haría una disertación algo más profunda sobre el tema, por que la verdad es que el argumento es poco menos que simplista.

Y no lo digo por que sea erróneo, sino todo lo contrario. Que a estas alturas, ElEconomista publique una noticia sobre que un Nobel habla sobre los incentivos perversos de las ayudas es, cuanto menos, tardío.

Cualquier tipo de ayuda social va a introducir ciertos incentivos perversos, por que casi cualquier actuación pública va a afectar a la eficiencia del mercado (adalid del comportamiento perfecto del sistema de mercado).

Es cierto, como tenemos seguridad social, no ahorramos para cuestiones médicas. Como tenemos educación gratuita, no ahorramos para proveernos de ella. Cualquier tipo de ayuda frente a una eventualidad aporta incentivos a ser más descuidados con la propia renta futura, pero ¿Es esto puramente cierto?

Por mucho que una empresa tenga un soporte para amortiguar la caída, dudo mucho que salte deliberadamente al vacío. Y si salta, será por otros motivos.

Vamos, que en plena competencia, nadie quiere ser el que apura beneficios gracias a las ayudas públicas.

Y de hecho, el dinero destinado a crear fondos para eventualidades de la propia empresa no desaparecen. En vez de irse a inversiones con el mismo tipo de riesgo que la propia empresa, van a parar al estado que, mientras no pase nada, provee de bienes y servicios públicos.

Es decir, que las propias ayudas, obviamente, vienen originadas por los impuestos pagados previamente por la sociedad. Todos en conjunto creamos la colchoneta gigante sobre la que caer en caso de apuro.

¿Incentivos? si. ¿Problemáticos? con reservas.

De todas formas, las ayudas sociales no son algo justificable desde la óptica de la eficiencia del mercado. La gente sigue atacando siempre desde ahí, cuando, la provisión de bienes públicos, y ayudas públicas son siempre un fin (el fin de alcanzar un estado de bienestar), no un medio. Y tachar como de “mala idea” una política social que intenta suavizar la crisis, me parece (de nuevo), cuanto menos, extremista y de aprendiz.